PRESENTACIÓN

La Biblioteca Alberdi de Punta Alta ha asumido un claro desafío. Un Cine Club es un foro, es decir, un espacio no sólo desde el punto de vista físico, sino desde lo que entraña, un debate, una mesa redonda, una discusión sobre un tema, y en este caso, sobre una obra de arte como es un film. Es una organización socio-cultural, portadora de una dinámica especial para el conocimiento, la educación y la formación no sólo sobre el séptimo arte sino también desde lo humano, si consideramos que la obra fílmica es la consecuencia de una tarea noble sobre una concepción del hombre y del mundo, tal como sucede con la literatura, la poesía o la pintura.

domingo, 17 de noviembre de 2013

BILLY WILDER. EL REY DE LA COMEDIA. UNA EVA Y DOS ADANES EN LA BIBLIOTECA JUAN BAUTISTA ALBERDI






Título original
Some Like It Hot  (Una Eva y dos Adanes en Latinoamérica) (Con faldas y a lo loco en España)
Año
1959
Duración
120 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Director
Billy Wilder
Guion
Billy Wilder, I.A.L. Diamond (Historia: Robert Thoeren, Michael Logan)
Música
Adolph Deutsch
Fotografía
Charles Lang (B&W)
Reparto
Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon, George Raft, Pat O'Brien, Joe E. Brown, Nehemiah Persoff, Joan Shawlee, Billy Gray, George E. Stone, Dave Barry, Mike Mazurki, Harry Wilson, Beverly Wills, Barbara Drew, Edward G. Robinson Jr.
Productora
United Artists / Ashton Productions / The Mirisch Corporation



Billy Wilder: El rey de la comedia

"El próximo 22 de junio se cumple el centenario del nacimiento de Samuel Wilder, más conocido como Billy, uno de los más grandes guionistas y directores que ha dado el séptimo arte. Por tal motivo, es buen momento para hacer un repaso a su filmografía y rendirle un pequeño y merecido homenaje."

Por Javier Muñoz

"Sin caer en estudiadas idolatrías o exageradas pleitesías, es cierto que todo aquel guionista, entre los que modestamente me incluyo, sí debe estarle eternamente agradecido a este estudiante de abogacía, que comenzó siendo periodista y terminó convirtiéndose en uno de los personajes más importantes e influyentes del Hollywood clásico. Y no sólo porque fuera guionista antes que director, sino porque realmente fue mejor guionista que director. En la segunda faceta fue casi siempre correcto, sobrio, sin grandes aspavientos, quizá en ocasiones poco arriesgado. 

También fue brillante, que duda cabe, como enDías sin huella y hasta genial, como en El crepúsculo de los dioses. Pero es que como guionista fue casi siempre extraordinario, firmando espectaculares filmes negros, vigorosos dramas, pero sobre todo, deliciosas e inolvidables comedias.

El apartamento (1960)
Los comienzos de Billy Wilder fueron tan convulsos como la época que le tocó vivir. Nacido en una pequeña población de lo que todavía era el imperio Austro-Húngaro, actualmente Polonia, Wilder comenzó a trabajar como guionista en 1929, en Berlín, sólo cuatro años antes del ascenso al poder, no olvidemos que en unas elecciones democráticas, de Adolf Hitler y su Partido Nacionalsocialista. Obligado a emigrar por sus raíces judías, gracias a la productividad de la época, le dio tiempo a firmar una quincena de películas y a construirse un prestigio que más tarde le vendría de perlas en su aventura americana. No obstante, antes de llegar a la Meca del cine, hizo escala en París, donde curiosamente dirigió su primera película, Curvas peligrosas(1934). Sin embargo, su punto de mira estaba en Hollywood, y allí llegó en compañía del actor Peter Lorre, otro súbdito exiliado del imperio Austro-Húngaro, ahora sería eslovaco, con el que había coincidido en uno de sus últimos trabajos en Alemania. El apoyo de Lorre fue fundamental en aquella época, ya que Wilder llegó a Estados Unidos sin saber inglés, y aunque aprendió rápidamente, el hecho de que compartieran apartamento y el actor trajera un currículo más extenso fueron determinantes para que la transición de Wilder al cine americano fuera lo menos traumática posible.
"Es sabido que Wilder tenía un fuerte carácter, pero al mismo tiempo, necesitaba de colaboradores para sentirse cómodo. Nunca trabajó solo a la hora de crear un guión"
Sus primeros trabajos en Hollywood fueron comedias y musicales en los que simplemente firmaba la historia o compartía cartel con otros dos o tres nombres. Precisamente formando uno de estos grupos, tan característicos del sistema de estudios de la época, conocería a otro guionista que le marcaría decisivamente en su carrera, y con el que trabajaría durante más de 10 años. Se trataba de Charles Brackett, y el filme en cuestión era La octava mujer de Barbazul (1938), de Ernst Lubitsch. Fue precisamente el director de origen alemán el que le dio el espaldarazo definitivo, y por qué no decirlo, el que más influyó cinematográficamente en la carrera de Wilder. Al año siguiente, Brackett y Wilder, en compañía de Walter Reisch, firman el guión de Ninotchka, del propio Lubitsch, y todos ellos consiguen su primera nominación al Oscar, aunque no lo obtienen. Pero la carrera de Wilder se torna a partir de entonces imparable. Solos, o en compañía de otros, Brackett y Wilder escriben los guiones de media docena de maravillosos títulos, entre los que destaca Bola de fuego (1941), de Howard Hawks, la extraordinaria comedia por la que recibirían su segunda nominación a los premios de la Academia.

Con faldas y a lo loco (1959)
Finalmente, Billy Wilder dirige en 1942 su primera película, El mayor y la menor, la ya clásica comedia interpretada por Ginger Rogers y Ray Milland. En su debut, Wilder aplica todo lo aprendido con los grandes directores de la comedia, y especialmente de Lubitsch, como ya se ha comentado antes. Sin embargo, al año siguiente rueda Cinco tumbas al Cairo, cambiando totalmente de registro al tratarse de una cinta ambientada en el conflicto bélico que convulsionaba el mundo de aquella época. Y es que da la impresión de que Wilder se reservó un montón de historias que no tenían nada que ver con la comedia para cuando lograra llegar a ser director. Porque a continuación dirige Perdición (1944), un excelente ejemplo de cine negro a partir de la novela de James M. Cain. Para adaptar el guión, Wilder contó, en vez de con su colaborador habitual, con el mítico Raymond Chandler, autor de novelas como El sueño eterno, Adiós muñeca o El largo adiós. Aquí, no se sabe si por el género, Wilder arriesga más, no sólo con la dirección, sino también con el guión. Utiliza a partir de entonces dos elementos que terminarían por hacerse comunes en su filmografía, el flashback y la voz en off. A pesar de que tales recursos no suelen contar con el beneplácito de los críticos más puristas, Wilder los maneja sabiamente para dotar a la historia de una personalidad y una tensión poco conocidas hasta entonces. Como resultado de todo ello, la cinta obtendría siete nominaciones, incluidas las de mejor guión y dirección para Wilder, pero o obtendría ninguna de ellas.
"En cierta ocasión, A Billy Wilder le preguntaron si era necesario que un director de cine supiera además escribir. No —contestó— pero es útil que sepa leer"
Pero al año siguiente, se resarciría. Con Días sin huella, y otra vez con Brackett como co-guionista, trasladando la novela de Charles R. Jackson, Wilder obtendría el Oscar a la mejor película, a la mejor dirección y al mejor guión adaptado, a los que sumaría uno más para Ray Milland por su excelente interpretación de un alcohólico que hace ímprobos esfuerzos para dejar la bebida, recayendo en ella una y otra vez. Sin embargo, el reconocimiento de la industria no vino acompañado por el reconocimiento del público, ya que la cinta fue un fracaso comercial. Y no ya sólo porque la gente no estuviera preparada para el excesivo realismo con el que se refleja el alcoholismo, sino también porque resulta lógico que un país que acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial prefiriera un tipo de películas menos trascendentes. Tal vez por eso regresara a la comedia en sus dos siguientes producciones, El vals del emperador yBerlín Occidente, ambas de 1948.
Sin embargo, poco después volvería por sus fueros, firmando la que para muchos es su mejor obra, El crepúsculo de los dioses (1950). Para la historia ha quedado su comienzo, curiosamente no el previsto inicialmente, con el cadáver del protagonista flotando en la piscina. Como la película ha sido desmenuzada una y otra vez, tanto artística como técnicamente, es conveniente repasar su carga simbólica con el propio Wilder. Con esta cinta obtuvo su segundo oscar como guionista pero, curiosamente, fue su última colaboración con Charles Brackett. Es sabido que Wilder tenía un fuerte carácter, pero al mismo tiempo, necesitaba de colaboradores para sentirse cómodo. Nunca trabajó solo a la hora de crear un guión, pero solía hacer la vida imposible a quien escribía con él, riéndose de las ideas que no le gustaban o incluso humillando a quien se las planteaba. Esta contradicción se ve reflejada en sus obras capitales. En Días sin huella, el protagonista es un escritor alcohólico que se desprecia a sí mismo y juguetea con el suicidio. Y en El crepúsculo de los dioses, el protagonista es un guionista mercenario y gigoló que está dispuesto a hacer cualquier cosa por salir adelante. Francamente curioso.



El Apartamento (1960)
Tras la ruptura con Brackett, Wilder rodó, escribiendo con otros colaboradores, El gran carnaval (1951), un ácido drama periodístico con Kirk Douglas, Traidor en el infierno (1953), una asfixiante obra de misterio ambientada en un campo de concentración, a la que posiblemente le sobren los momentos humorísticos, Sabrina (1954), la inolvidable comedia con Humphrey Bogart y Autrey Hepburn, y La tentación vive arriba (1955), con Marilyn Monroe. Algunos puristas creerán que he errado al colocar esta película entre las 10 representativas en la lista adjunta. Es posible. Pero convendrán conmigo en que un filme que proporciona una imagen para la historia del cine, merece sólo por ello estar en cualquier clasificación o conmemoración. Ni que decir tiene que dicha imagen es la deMarilyn Monroe sintiendo el aire bajo su falda a través de la rejilla del metro. Y como aquí estamos repasando principalmente la obra de Billy Wilder, y no su vida social, dejaremos para otro lugar y momento los mordaces comentarios que dedicó a la rubia más famosa del séptimo arte.
1957 fue un año decisivo en la carrera de Wilder. No sólo por rodar tres películas, El héroe solitario, que narraba la travesía transoceánica del pionero Lindbergh, interpretado por James Stewart, Ariane, una comedia romántica, de nuevo con reminiscencias de Lubitsch, y Testigo de cargo, la impresionante adaptación de la obra de Agatha Christie. Lo más importante de este año es que en la segunda de estas cintas comienza a escribir con I.A.L. Diamond, el guionista con el que trabajaría hasta el último de sus títulos. Y es que sus primeras colaboraciones no pueden ser más fructíferas. Con faldas y a lo loco (1959) ha sido elegida en numerosas ocasiones la mejor comedia de la historia del cine. Sin embargo, bajo mi modesta opinión, ese galardón debería ser para El apartamento (1960). Sea como fuere, ambas obras son de una factura estremecedora, invitan a su revisión, por lo menos anual, y gozan hoy en día todavía de una frescura que para sí quisieran muchas comedias del siglo XXI. Wilder consigue con ellas la cúspide creativa en cuanto a guión y la consolidación de su particular no-estilo a la hora de dirigir. Posiciones clásicas de cámara, donde el movimiento va sólo en función de los actores para que estos reciten sus diálogos de la mejor forma posible. Quizá Con faldas y a lo loco sea más divertida, con diálogos inolvidables, sobre todo el último, pero El apartamento tiene una atmósfera agridulce y cínica que le dota de mayor empaque. De hecho, obtuvo cinco oscars, dos de ellos para Wilder por guión y dirección, además de mejor película, montaje y decoración en blanco y negro.

En bandeja de plata (1966)
En las dos películas anteriormente comentadas, Wilder confió en Jack Lemmon, actor que terminaría por convertirse en fetiche para él. Con la pareja protagonista de El apartamento, rodaría Irma la dulce (1963), en un intento de repetir el éxito obtenido. Pero antes, en 1961 rodaría Uno, dos, tres, junto al genial James Cagney, con el que a pesar de todo, no terminó de entenderse muy bien. Y eso que es prácticamente imposible que otro actor le hubiera recitado los diálogos con la chispa y eficacia que lo hizo Cagney en esta disparatada comedia. Inmerso de lleno en la comedia, el propio Wilder llegó a decir que rodaba historias trágicas cuando era feliz e historias cómicas cuando estaba deprimido, rueda Bésame tonto (1964), con Dean Martin y Kim Novak, y dos años después la última de sus obras mayores, En bandeja de plata (1966), donde reuniría a Jack Lemmon y Walter Matthau por primera vez, convirtiéndoles en otra de esas parejas inmortales que ha dado la historia del cine. Con 60 años, y una nueva nominación al Oscar, En bandeja de plata marca el inevitable comienzo del fin que sufre cualquier cineasta, por muy genial que éste sea, como era el caso de Wilder. Y no es que el resto de su filmografía sea mediocre, ya que es incluso notable, pero no alcanza las cotas de genialidad que había ofrecido durante muchos años. Así, La vida privada de Sherlock Holmes(1970) es una estupenda revisión del personaje creado por Conan Doyle, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (1972), es una extraña pero divertida comedia interpretada por Jack Lemmon en Italia, Primera plana (1974), es un correcta adaptación de la clásica obra de Ben Hetch y Charles MacArthur, de nuevo con la pareja Lemmon-Matthau, Fedora (1978), es un intento fallido de recrear el estilo de El crepúsculo de los dioses, y finalmente, su última película, Aquí, un amigo (1981), es una floja comedia, una vez más con Lemmon y Matthau al frente del reparto.
En cierta ocasión, A Billy Wilder le preguntaron si era necesario que un director de cine supiera además escribir. "No —contestó— pero es útil que sepa leer". Además de graciosa, esta anécdota sirve para reflejar claramente la posición de Wilder frente a la industria cinematográfica. Un director debe saber leer un guión. Él los escribió y los leyó como nadie lo ha vuelto a hacer. Lo primero es cuestión de talento y oportunidad. Pero lo segundo es una lección que deberían tener en cuenta muchos antes de ponerse detrás de la cámara."

- Billy Wilder en 10 películas:
- Perdición (1944)
- Días sin huella (1945)
- El crepúsculo de los dioses (1950)
- Traidor en el Infierno (1953)
- La tentación vive arriba (1955)
- Testigo de cargo (1957)
- Con faldas y a lo loco (1959)
- El apartamento (1960)
- Uno, dos, tres (1961)
- En bandeja de plata (1966)

Fuente: Artículo publicado en el número 8 de KANE 3 (mayo 2006)